Nictofilia

Somos animales adaptados a movernos durante el día, y por eso la noche nos despierta sentimientos contradictorios. Es como el bosque primordial, espeso y desconocido, lleno de peligros imaginados y al mismo tiempo seductor, irresistible y fascinante. Desde las pinturas rupestres hasta la teoría de cuerdas tenemos el resultado de la poderosa fascinación que ejerce sobre nosotros el Universo; desde el microcosmos más inmediato (el paisaje que vemos por una ventana) hasta los sucesos invisibles que desvela la astrofísica moderna. Si hay un campo de conocimiento que ha cambiado de forma radical nuestra idea del Mundo (y de nuestro lugar en él) es la Astronomía. 

La observación de las estrellas nos hace humanos

Desde que el ser humano levantó la cabeza hacia el cielo se ha preguntado sobre su naturaleza y ha intentado expresar y transmitir las respuestas construidas y emociones vividas a través de todos los medios a su alcance. Desde las paredes de piedra hasta nuestros días podemos hacer un recorrido interminable sobre las manifestaciones mitológicas, simbólicas y artísticas del cielo estrellado.

La noche en el arte

No hay contradicción más difícil de representar como la sutileza de la luz de las estrellas y la oscuridad de la noche, donde nuestros ojos no son capaces de captar algo más allá de matices y sombras. En esa ausencia de luz el resto de los sentidos toman protagonismo, sobre todo el oído y el olfato, contribuyendo a crear una experiencia sensorial profunda que anuncia la vida que late entre el ocaso y el orto del Sol. Como en otras experiencias sublimes, sentimos la necesidad de ponerle palabras, música o representar el momento en una imagen.  

La noche, los mitos y el pensamiento humano

Pocos pensadores, filósofos y artistas se han resistido a representar las emociones que despierta la noche. Metáfora de la transición por el inframundo, es parte fundamental de mitos, cosmogonías y religiones. Una zambullida en las aguas primordiales indispensable para percibir la tenue luz de lo transcendente. Es difícil imaginar cómo sería nuestra civilización si no hubiera existido la posibilidad de observar las estrellas. La Humanidad difícilmente hubiera llegado a desarrollar la Ciencia sin la observación meticulosa del cielo nocturno.

Sueños bajo un manto de estrellas

Anochece. Aparecen algunos planetas sobre el horizonte. Apenas salimos de nuestra burbuja de luz artificial y sobre nuestras cabezas el cielo comienza a llenarse de la luz sutil de las estrellas. Mirar o imaginar el cielo estrellado me conecta con cualquier lugar del mundo y con cualquier momento, desde el que se contempla esa misma esfera celeste desde diferentes perspectivas. El mismo cielo que nos cubre a todos, las mismas estrellas que nos contemplan indiferentes. Por fin anochece y entro en el reino crepuscular de los sueños.

Reconectar con el Universo

Impedir la posibilidad de contemplar el cielo estrellado es renegar de nuestro origen, cortar un árbol milenario para fabricar un trono a la estupidez. La pérdida de la última estrella sellará el certificado de defunción de Lo Humano, y lo que quede será otra cosa: una especie capaz de poner un pie en otro planeta pero con el espíritu confinado en una burbuja; en triste soledad en su mundo agonizante pero siempre fiel al estandarte de su vanidad; artífice de realidades evanescentes pero ciega al resto del Universo. Para mantener nuestra condición humana debemos reconectar con el Universo.