El blog como acto de resistencia

Si estás aquí es porque eres uno de los escasos lectores de esta página web, o bien porque te ha traído un enlace resultado de una búsqueda, posiblemente redireccionado desde Blogger. Si pasado el primer párrafo te interesa lo que estoy contando y sigues leyendo, ¡enhorabuena!, tu capacidad de atención es superior a la media. Te darás cuenta de que este texto no está hecho por una IA por la abundancia de frases subordinadas, el estilo irónico (puede que incluso se me escape algún taco) y porque impregno lo que escribo con mi punto de vista. Sobre todo en artículos como este que no tratan de astronomía, ni de contaminación lumínica, sino de otras cuestiones sobre las que me apetece reflexionar. Como, por ejemplo, sobre qué sentido tiene mantener un blog en los tiempos de la inmediatez, la superficialidad, la generación de contenido basura y su consumo acrítico.

La viñeta con la que encabezo este post (esta sí generada usando IA) representa algo que me ocurrió en 2019, cuando tras una charla de astrofotografía un adolescente se me acercó, aparentemente muy interesado en el tema, para preguntarme por mi cuenta de Instagram. Ya os podéis imaginar la ilusión de comprobar que tu trabajo ha despertado la curiosidad de alguien que, quién sabe, podría descubrir su vocación en la ciencia. Así que el desenlace me dejó un tanto perplejo cuando todo ese supuesto interés se desvaneció al decirle que no tenía Instagram, pero sí un blog muy currado. Parece ser que buscar y leer contenido en un blog requiere algo más de esfuerzo que deslizar el dedo por una pantallita, y sobre todo leer más de un centenar de caracteres, lo que es pedir demasiado. Así recibí el jarro de agua fría de la triste realidad: si quieres divulgar y que tu trabajo llegue a la gente, no existes sin redes sociales. Ya ocurría en 2019 y ahora más con la irrupción de otros formatos aún más encapsulados.

A estas alturas alguien podría decirme que hay que adaptarse a los tiempos y a las nuevas tecnologías, mantener cuentas activas en redes sociales y publicar contenido continuamente adaptado a lo que se supone que demanda el público. Y no le faltaría razón. Pero el enorme esfuerzo que requiere la tarea merecería la pena si estas redes sociales fueran neutrales, y potenciaran la visibilidad de los contenidos veraces y de calidad. Pero está sobradamente demostrado que no es así (ya lo comprobé con Facebook, y en parte por eso lo abandoné), y hoy en día sólo hay dos vías para ser viral en el mundo de la astrofotografía: salir en un videotutorial hipersexualizada si eres mujer, o vestido de nazi si eres hombre (exagero, lo sé, pero por ahí van los tiros algorítmicos). ¿Merece realmente la pena?

Para empezar, yo no monetizo mi blog (ni tengo interés alguno en hacerlo), a pesar de que me cuesta más de 80 euros al año mantener el dominio y la suscripción a una versión básica de WordPress. Es algo que hago por puro placer, como la astrofotografía, no deseo likes ni aprobación, y me importa un rábano lo que otros tengan que opinar de lo que aquí expongo, especialmente si es para verter crítica destructiva, que por desgracia hoy en día es lo que más se tiende a hacer. Así que libremente decidí en su momento no tener redes sociales ni entrar en su vorágine idiotizante, porque no tengo la necesidad y por principios. Además, compartir una astrofotografía (resultado de horas y horas de trabajo, tras años y años de aprendizaje) en, por ejemplo, Instagram, para que sea consumida en tres segundos y pase al olvido, y que encima esto contribuya al enriquecimiento de un psicópata de Silicon Valley, me parece un insulto a todo el esfuerzo que hay detrás de esa imagen. Si alguien quiere ver mis imágenes que al menos se tome la molestia de entrar a esta página.

Y entonces, ¿qué sentido tiene mantener un blog, más allá de servir de contenido de entrenamiento para una IA? Esta es la pregunta que me viene de modo recurrente y que me lleva a plantearme en más de una ocasión dejarlo (y puede que no me quede otra opción cuando ya no pueda mantenerlo). Pero al final resulta que me encanta el fruto de tantas de horas de trabajo, estoy orgulloso de ello y me gusta compartirlo, y aunque sólo tuviera un visitante al mes ya merecería la pena. Disfruto escribiendo lo mejor que puedo y cuando puedo, dar mi punto de vista y compartir experiencias. El valor de este blog para mí es como dejar un libro que te ha gustado mucho en el banco de un parque: no sabes quién lo leerá, pero basta pensar que alguien puede disfrutarlo tanto como tú. Es el valor de compartir sin esperar aprobación ni reconocimientos, esa es la belleza de no estar en redes sociales aunque suponga ir a contracorriente. Si yo pretendiera destacar como divulgador, tendría que replantearme muchas cosas; pero como no es así me quedo con la satisfacción de sentirlo como un acto de resistencia.


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